Capitulo 4 “Sakura”
-¿Mermelada
de fresa en un frasco de madera?-no recuerdo la última vez que comí esto, pero
como es lo que hay, lo untaré con pan. El pan es de color entre marrón y
dorado. El paquete decía que colocándolo al microondas obtenías el mismo sabor
que del pan casero recién horneado. Fue lo que hice.
La falta de necesidad de enchufar el microondas fue rara, pero
aun más lo era colocar el enchufe sobre la maceta de una planta de menta. No me
gusta cuidar plantas, pero si es lo único que hace que mis artefactos anden,
las regaré todos los días y las pondré al sol, decir esto fue una triste
noticia.
Arriba de la mesada estaba una tarjeta plateada de crédito a
mi nombre y un mensaje que, en resumidas cuentas, decía “esto es para los
alumnos de secundaria que se encuentran viviendo solos” junto con las
indicaciones de los bancos donde se podía utilizar. ¡Ni sueñen que contaré
detalle a detalle el mensaje! considerando que mis padres no están me vendrá
bien.
Me preparé para ir al colegio, peiné un poco mi cabello aunque
sin demasiado esmero. Me puse zapatos marrones, pollera verde cuadrille y
remera blanca. Estoy tan nerviosa que tengo ganas de no salir. Pero no puedo
quedarme aquí sentada esperando a que alguien entre y me de una explicación de
cómo aparecí en este sitio.
Se ven muy limpias las calles, las paredes de las casas
brillan y se siente el fuerte aroma a flores de Jacarandá, cerezos y tilo que juntos
conforman un agradable fragancia. Me preguntó si echarán desodorantes de
ambiente por las mañanas o quizás por las noches, pero no parece ser así. Dudo
que la mayoría de los habitantes estén de acuerdo con tener aromatizantes
florales por todos lados.
Crucé por puentes de madera oscura, al pisarlos eran suaves
como la arena, es bueno que estén, evita accidentes.
Unos rayos de luz solar
se reflejaron en un árbol y luego dispararon mi celular haciéndolo vibrar, la
batería subió al cien por ciento, ¡Increíble! Esto me gustó.
Miré la hora, no podía creerlo, eran las siete y cuarenta de
la mañana, llegaré tarde. Supongo que por ser el primer día no me dirían nada.
Nadie puede culpar a una chica que aparece en un sitio desconocido y parecido al
que había vivido antes.
No es una buena presentación de mi parte pero me importa poco,
no sé si estoy en un mundo real o en un sueño. Di una patada al suelo, esto
había comenzado a molestarme.
Caminé apresurada sin detenerme hasta que vi un enorme portón
azul, con dos árboles de cerezo a los costados. La puerta corrediza no tenía
manijas ni cerradura ¿cómo la abriría? Me quedé esperando que alguien resuelva
mi duda sin tener que preguntar, para no quedar como si fuese una tonta. Seguro
que todos conocen el mecanismo.
Un chico apoyó su mano en la puerta, en cuestión de segundos
se abrió. ¿Así de fácil era? Hice lo mismo y pase.
Se abrió y sentí el dulce aroma a limpieza confundiéndose con
las flores.
En el ancho corredor
principal no había más que un maestro que caminaba con libros bajo el brazo,
voces que provenían detrás de las puertas verdes y el reluciente piso verde de
baldosas recién limpiado. Subí las escaleras y me di cuenta que estaba en el
sector de primaria. Sin mucho andar, ya que el colegio no era demasiado grande,
encontré un cartel tallado en madera que decía “tercer año”, pegado al lado de
la puerta azul.
Cuando entré al salón de clase, solo había un lugar, dude, Tenía
dos opciones quedarme o irme.
Al lado de ese asiento libre se encontraba el chico rubio y al otro costado el de pelo oscuro, él
no lucía nada simpático.
Ellos eran raros. ¿Ayer se pelearon y hoy se sientan juntos?
Sentí que todos me observaban con miradas extrañas, como si
quisieran interrogarme. Tampoco les iba a explicar que misteriosamente una laguna
me transportó a este lugar y apareció una casa muy parecida a la mía, pero
donde no estaba mi familia y muchas otras cosas extrañas siguieron sucediendo.
-¿Debes ser Saito Sakura? ve a sentarte al lado de ellos-dijo
el hombre de mediana edad y cabello corto que estaba al frente de todo con una
libreta roja en la mano.
¿Cómo sabía mi nombre? ¿no estarían confundiéndome con otra
chica que se parece a mí?. Creí que estas cosas solo pasaban en la ciencia ficción,
aunque este sitio supera todo aquello.
Quería sentarme sola, pero al haber un único asiento libre no
me quedó otra.
-Me presento, mi nombre es Marcelo
Diaz-dijo sin quitarme los ojos de encima. Al parecer soy la única que
no lo conocía.
-Ahora que están todos en sus lugares, tomaré lista y ¡no
quiero oír murmullos!
Pegadas a la pared verde que parecía brillar, estaban unas
chicas maquilladas de manera exuberante ¿un poquito más notorias no podían ser?
Las clasifiqué de “huecas” seres extraños salidos de otra
galaxia, para ser exacta.
-Aimerich Mariela, Gilbert Magali y
Allende Madelaine ¡menos maquillaje
para la próxima!-dijo el profesor poniendo cara de ogro.
Creo que por sus sonrisas pensaron que Marcelo las halagaba.
-Pero precep, no podemos venir feas-exclamó la de cabello más
largo llevando una mano a su pecho y demostrando gran preocupación.
El preceptor dio unos pequeños golpes con sus zapatos en el
suelo y la miró como si realmente le hubiese echo perder la poca paciencia que
tenía.
-¡Sin excusas!
Miró la fila de adelante donde había una chica de mirada
tímida, ojos violáceos. En mi vida vi ojos de ese color. Al lado de ella la
acompañaban dos chicos.
-Hasting Luci, Holt Leandro y Briel Federico ¡que tengan
un buen día!
Dejó de llevarles el apunte, en el fondo unos chicos se reían
haciendo malos chistes. Sus cabellos lacios estaban peinados de la misma forma,
y eran trillizos. Probablemente creían que estar en clase era divertido.
-¡Salazar Marcos, Salazar Matías y
Salazar Martín! Espero que este año demuestren un poco de seriedad. Y si
tienen algún buen chiste, compártanlo-parecía una advertencia para que callasen.
Tal vez esperaba demasiado pensé mirando como le hacian
sonrisas con aire de superados.
-¿Te cuento un chiste? Para que si ya pasó-dijo Marcos. Al
menos creo que era él.
-Fue el peor chiste que escuché en mi vida-respondió el
preceptor, la verdad tenía razón.
-Precep, hay que darle un poco de humor a la vida-dijo uno de
ellos levantando sus brazos.
-¡Media falta!-dijo el precep. -¿les gustó? Yo también tengo buen
humor.
-¡Usted no me gusta tengo novia!-exclamó Martín.
Delante de ellos una chica estaba peinando su cabello rubio
que brillaba como los rayos del sol. Ella se miraba al espejo que su amigo sostenía.
-¡Te he dicho que lo sostengas más alto!-gritó como si la
acción de su amigo fuese terrible.
El otro chico a su lado miraba aburrido, tenía aspecto de vago
y una mirada como si la vida lo tuviese cansado, su cabello estaba hecho un
revoltijo demostrando el poco sentido que le daba a las cosas.
-¡Jazmín Price, guarda eso!
Wells Francisco, y Owens Franco ¡buenos días!-dijo
Marcelo intentando que se enteraren que esto no era una fiesta y estaban en el
lugar donde el único comandante era él.
-¡Buenos días!-. Respondió Jazmín en nombre de los tres, guardando
su espejo en la mochila.
Una chica con el cabello atado con dos moños rojos y ojos de
un color castaño claro que se mezclaban con un extraño verdoso le contaba lo
que parecía ser un secreto a su compañero. El chico era de algún país oriental,
y se veía atractivo con su flequillo largo a un costado, de color negro teñido
con tintes azules, él estiraba las piernas cómodamente sobre el escritorio de
su compañero.
-¡Sanz Sophie, Takashama Hyoga, y Bradley Tobías! Por si no lo notaron-se señaló con el dedo
índice-acabo de llegar, siéntensén como corresponde-les ordenó.
Marcelo tenía poca paciencia o tal vez tenía que demostrarse
imponente, después de todo era el preceptor dirigiéndose a una manada de
adolescentes.
-Saito Hanabi Sakura-.
Me sobresalté cuando dijo mi nombre completo, nunca había
usado mi primer nombre.
-Cross Ian y Cross Gabriel-dijo
mirando al chico, quien le sonrió y lo saludó con su mano derecha.
-¡En verdad, lo extrañe!-dijo el rubio-en vacaciones no hice
mas que pensar en usted-. Se estaba burlando.
-Gabriel, empecemos el año en paz-. Miró a Ian amenazadoramente
-¡Quítate los auriculares!-.
De mala gana los guardó en el bolsillo de su campera azul
Francia que hacia que sus ojos azules destaquen aun más. Ian tenía un aire de
auto superado y eso me molestó.
Pasadas unas horas Ian dejó de fingir que era invisible y puso
mala cara.
-Me desagrada tu mirada arrogante.
-¡No se cual es tu problema, pero me caes mal!
Gabriel me miraba diferente.
-¡Bienvenida!
-¡Al infierno!-añadió Ian, sin dejar terminar la frase a su
amigo.
-¡Tu amabilidad me conmueve!-. Primer día y ya alguien me cae
mal.
-Ian, deberías cuidar mejor tus modales con los nuevos, más si
es una chica.
Las chicas del fondo me miraron como si les hubiese pegado, no
tengo idea porque, escuché a una de
ellas decir.
¡No puedo creerlo! primera vez y ya le habló.
-¡Espero que vaya sabiendo que
se gano ser nuestra enemiga!
-¡La odio!-dijo Magali cerrando
su carpeta.