Principio 1: “Sakura”
Todo está oscuro y sombrío en mi habitación, mi cama demasiado dura. Aquí no corre aire ¿qué está pasando? Si mis ventanas estaban entre abiertas y circulaba una brisa suave entre las hendijas. ¡Algo anda mal, muy mal!, no tengo sabanas, y estoy encerrada en algo de madera. Una luz blanquecina recorre mi ser permitiendo que mi alma se desprenda, y salgo afuera de ese cajón de roble rectangular. Llevó un vestido blanco de mangas cortas, bastante sencillo que no encaja nada con migo.
Lo veo todo desde afuera. Mi cajón recubierto con un ramo de rosas rojas y negras sobre un césped bien cortado. Solo dos rostros conocidos. Mis padres. Lloran arrodillados sobre él cajón, parece que apenas pueden creerlo, están totalmente destruidos y eso es poco para describir sus sentimientos. Mi madre lleva un sombrero y vestido negro, poco típica en ella, él un traje, corbata oscura, y una camisa blanca. A un par de metros un joven de ojos azul Francia que resaltan entre la oscuridad, observa el cajón desesperanzado, como si sintiese culpa de no haber podido hacer nada más. El rubio que está a su lado coloca una mano en su hombro como queriendo consolarlo. Y Alguien desde un árbol, sentado en una gruesa rama como si no quisiera ser reconocido, nos observa. Apenas se ven unos mechones castaños que se desprenden de su capucha. Una leve sonrisa se dibuja en su rostro como si fuese él único que ve algo bueno. Si hay tristeza en su mirada, no es por mí. Sus ojos rebelan años intensos de dolor.
Abrí los ojos.
Mi corazón palpitó desenfrenado. ¿He visto mi propia muerte? ¿o solo era un simple sueño? Algunos dirían que debe tratarse de una de esos sueños donde supuesta mente alargas tu vida ¡las tonterías que cree la gente son increíbles! Pensé observando mis ojos verdes y mi cabello oscuro en el espejo de mi cuarto, sentada sobre la mesa de mi escritorio.
Salí de entre medio del desorden esquivando ropa, revolee sobre mi cama una remera negra con flores rojas que permanecía debajo de mi escritorio, ¿Qué mal iba a hacerle un poco más de desorden a la cama? aunque el piso tampoco se quejaba, ni se veía tan mal como la semana anterior en que mi madre me obligó a ordenar diciendo que mi cabeza estaba igual que el caos de mi cuarto.
Bajé las escaleras de madera para ir a desayunar. Ya sentía el aroma de las tostadas con olor a quemado, raramente a mi madre se le quemaban, Si fuese por mi, las tostadas arderían en llamas, ¿para que quemarlas cuando puedo ser más original?
Seguro se le quemaron a papá que se entretuvo con alguna otra cosa. Tal vez leyendo la aburrida sesión de deportes en el diario, o corrigiendo exámenes de sus alumnos de la facultad. Ser profesor le gustaba más que su trabajo habitual de contador público. Si no fuese por la corta paga se dedicaría solo a enseñar contabilidad. Mi madre era profesora en la facultad de ciencias exactas. De hecho se conocieron allí.
Encontré a mi papá leyendo el diario sobre la mesa redonda de madera, recubierta por un mantel blanco de plástico y mí mamá colocando las tostadas en un plato rojo. Tomé la leche de la heladera, el café de la alacena y preparé lo que faltaba para desayunar.
-¿Te caíste de la cama?-Preguntó mi padre con un tono burlón.
-No, tan solo paso un huracán-respondí mirando la tostada que untaba.
-Tu cabello dejo prueba de eso-respondió papá con una sonrisa.
-Buenos días hija, cuando acabes el desayuno prepara la mochila-dijo mamá colocando sus brazos en jarra.
-¡No tengo ganas!-respondí molesta como si aquello me quitaría gran parte de mi aburrida rutina.
-Haces todo a último momento-. Se quejó mi mamá cruzada de brazos, no con enojo, solo seria, sabía que mi comportamiento era cosa de adolescente.
-¿Algún problema?-respondí algo desafiante.
Ella no tenía la culpa pero como para hacer alguna diferencia, me había despertado de mal humor.
-Por favor, no discutan-nos pidió papá. Como siempre tenía que salir de adentro “el señor pacifista”
-Sakura, te diré una cosa, espero que este año tengas una mejor actitud en el colegio, ya tienes casi 15 años.
-¡Solo me defendía!-dije sabiendo a qué tema se refería específicamente. No hacia falta aclararlo.
-No es motivo para lo que hiciste-insistió mamá.
-¡Ya basta!-dije tomando mis llaves y me fui a la plaza.
De otra forma estaríamos discutiendo sobre este tema del cual doy por terminado. Y honestamente, aunque ustedes lo crean, no es emocionante ¡vamos! sé cuanto les encanta los dramas familiares. Durante estas vacaciones el tema de mi mal comportamiento en clase, se volvió tema rutinario del almuerzo. Y por si con eso no alcanzaba, era la salsa extra de algunas cenas.
Cuando llegué a la plaza observé las aguas brillantes de la laguna, recostada en el pasto, me puse a pensar lo que haría el resto de mi fin de semana antes de comenzar las clases, donde otro año me esperaba en un nuevo colegio.
Por que he cambiado se preguntaran, fue a causa de mis odiosas ex compañeras.
Todo comenzó una detestable mañana en la que había llegado al curso antes que nadie, estaba tranquila en el fondo del aula escuchando música que valía la pena oír, no como esa asquerosa música horripilante que oye la mayoría. De pronto una chica, de esas que suelen creerse las más lindas del curso, se acercó con una sonrisita y comenzó con uno de sus parloteos, preferí hacer de cuenta que era sorda, hasta que logro hacerme enfadar al llamarme “rarita”. Cansada de esta situación que se repetía a menudo, la tomé de un brazo y amagué a darle un puñetazo en el estómago, las huequitas de sus amigas se acercaron a defenderla mientras llorisqueaba exagerando la situación, ellas le avisaron al director, en fin, fui suspendida. Ahora ya saben.
Gire mi vista a un costado y sentí envidia por una pareja de novios que se miraban tan intensamente como si solo ellos existieran. Como desearía pasar esta tarde con mi novio perdiéndome en sus ojos verdes como diamantes y olvidando que el mundo existe, pero eso nunca va a volver a pasar, él se fue para siempre. En mi memoria queda su sonrisa, que en pesadillas se vuelve pálida, sin vida y sin alma como la última vez que lo vi. Aunque la gente crea que después de dos años debería olvidarlo, no puedo.
En ese momento una mariposa oscura se posó en mi mano y recordé el día en que mi novio dijo “si un día ves una mariposa fuera de época, tu vida tomara un giró inesperado”. Su color oscuro se volvió cristalino y los rayos del sol reflejados en la laguna nublaron mis ojos. La mariposa se dibujaba, y desdibujaba, como si se fuese a desmaterializar.
De pronto una niña que pasó a mi lado me recordó mi niñez, era como yo, sonriente y despreocupada, de largos cabellos oscuros y desordenados por el viento, jugaba a las escondidas y de repente desapareció. Pero no solo ella, los niños que se escondían detrás de los arbustos y la pareja de adolescentes que se besaban despreocupados también.
Parecía la única sorprendida. Como si hubiese una especie de extraño hechizo.
Las personas se alejaban como fantasmas en el aire, los perros, las aves y los patos de la laguna desaparecían hasta que no quedo nadie. La nebulosa se hacia intensa. Humo gris se esparcía abarcando toda la plaza. En el cielo unas enormes nubes formaban las alas de un ángel, parecían reales.
Mis latidos se aceleraron, mi corazón martillaba más fuerte que el ruido de de la laguna que comenzaba a agitarse, me sentía tan aturdida que podría jurar que se escuchaba a kilómetros. El temblor sacudió las plantas, dejándolas libres de sus flores blancas, los árboles se movieron y cayeron, eso turbó el aguas,. Estaba atónita y temí que algún árbol me golpease. Hasta el césped de la plaza se movió, y se levantaban nubes de polvo que se elevaban del suelo, el aroma a tierra se desprendía confundiéndose con el resto y me hicieron toser. Tuve que aferrarme a la gruesa rama de un árbol inclinado en dirección a la laguna, fue inútil. Las vibraciones comenzaron a sacudirme ¿será un terremoto? ¡Imposible! en Buenos Aires no hay. El agua fría salpicó mis zapatillas, y pronto se mojaron. La corteza del árbol y la fuerza con la que me sostenía, me lastimó, comencé a sentir el ardor, quería gritar, porque ya no tenía fuerza para soportar el dolor así que me solté, mi cuerpo se tensaba, la respiración se entre cortaba y me costaba respirar.
Las hojas verdes caían como gotas de lluvia y me golpeaba alguna que otra rama rajando mi ropa.
Cerré los ojos al sentir como el agua, transformándose en olas, me sacudía hasta envolverme por completo, no puedo respirar, en lugar de aire, había agua, y me zumbaban los oídos.
Al abrir los ojos me picaron por la salinidad marina y el panorama cambió, me encontré ante la majestuosidad de un mar verde y el cielo que se confundía con el mar.
Sentí un leve cosquilleo en mi mano enrojecida por la sangre, mi cuerpo ardía con la sal, que cicatrizaba mis heridas y las lágrimas caían por mi rostro, el dolor se tornaba insoportable. El único ruido que se escuchaba eran mis gritos.
Sentía tanto dolor que pensé que nunca podría levantarme, hasta el leve movimiento de mis ojos me fastidiaba.
Me sorprendió que aun la mariposa este en mi mano, en ese momento se desintegró haciéndose polvo. No se cuanto tiempo paso hasta que las heridas desaparecieron, incluso la ropa dejo de estar rota. Fue aquella mágica mariposa quien me curó. Pero el dolor aun permanece de una forma muy leve.
No sé si estoy soñando pero una corazonada dice que mi vida cambiara por siempre.
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