martes, 6 de diciembre de 2016

D Y A (capitulo 4)

Capitulo 4 “Sakura”
        
       -¿Mermelada de fresa en un frasco de madera?-no recuerdo la última vez que comí esto, pero como es lo que hay, lo untaré con pan. El pan es de color entre marrón y dorado. El paquete decía que colocándolo al microondas obtenías el mismo sabor que del pan casero recién horneado. Fue lo que hice.

La falta de necesidad de enchufar el microondas fue rara, pero aun más lo era colocar el enchufe sobre la maceta de una planta de menta. No me gusta cuidar plantas, pero si es lo único que hace que mis artefactos anden, las regaré todos los días y las pondré al sol, decir esto fue una triste noticia.   

Arriba de la mesada estaba una tarjeta plateada de crédito a mi nombre y un mensaje que, en resumidas cuentas, decía “esto es para los alumnos de secundaria que se encuentran viviendo solos” junto con las indicaciones de los bancos donde se podía utilizar. ¡Ni sueñen que contaré detalle a detalle el mensaje! considerando que mis padres no están me vendrá bien.          
Me preparé para ir al colegio, peiné un poco mi cabello aunque sin demasiado esmero. Me puse zapatos marrones, pollera verde cuadrille y remera blanca. Estoy tan nerviosa que tengo ganas de no salir. Pero no puedo quedarme aquí sentada esperando a que alguien entre y me de una explicación de cómo aparecí en este sitio.

Se ven muy limpias las calles, las paredes de las casas brillan y se siente el fuerte aroma a flores de Jacarandá, cerezos y tilo que juntos conforman un agradable fragancia. Me preguntó si echarán desodorantes de ambiente por las mañanas o quizás por las noches, pero no parece ser así. Dudo que la mayoría de los habitantes estén de acuerdo con tener aromatizantes florales por todos lados.   
Crucé por puentes de madera oscura, al pisarlos eran suaves como la arena, es bueno que estén, evita accidentes.

Unos rayos de luz solar se reflejaron en un árbol y luego dispararon mi celular haciéndolo vibrar, la batería subió al cien por ciento, ¡Increíble! Esto me gustó.
Miré la hora, no podía creerlo, eran las siete y cuarenta de la mañana, llegaré tarde. Supongo que por ser el primer día no me dirían nada. Nadie puede culpar a una chica que aparece en un sitio desconocido y parecido al que había vivido antes.
No es una buena presentación de mi parte pero me importa poco, no sé si estoy en un mundo real o en un sueño. Di una patada al suelo, esto había comenzado a molestarme.
Caminé apresurada sin detenerme hasta que vi un enorme portón azul, con dos árboles de cerezo a los costados. La puerta corrediza no tenía manijas ni cerradura ¿cómo la abriría? Me quedé esperando que alguien resuelva mi duda sin tener que preguntar, para no quedar como si fuese una tonta. Seguro que todos conocen el mecanismo.
Un chico apoyó su mano en la puerta, en cuestión de segundos se abrió. ¿Así de fácil era? Hice lo mismo y pase.
Se abrió y sentí el dulce aroma a limpieza confundiéndose con las flores.

 En el ancho corredor principal no había más que un maestro que caminaba con libros bajo el brazo, voces que provenían detrás de las puertas verdes y el reluciente piso verde de baldosas recién limpiado. Subí las escaleras y me di cuenta que estaba en el sector de primaria. Sin mucho andar, ya que el colegio no era demasiado grande, encontré un cartel tallado en madera que decía “tercer año”, pegado al lado de la puerta azul.

Cuando entré al salón de clase, solo había un lugar, dude, Tenía dos opciones quedarme o irme.
Al lado de ese asiento libre se encontraba el chico rubio y al otro costado el de pelo oscuro, él no lucía nada simpático.
Ellos eran raros. ¿Ayer se pelearon y hoy se sientan juntos?
Sentí que todos me observaban con miradas extrañas, como si quisieran interrogarme. Tampoco les iba a explicar que misteriosamente una laguna me transportó a este lugar y apareció una casa muy parecida a la mía, pero donde no estaba mi familia y muchas otras cosas extrañas siguieron sucediendo.


-¿Debes ser Saito Sakura? ve a sentarte al lado de ellos-dijo el hombre de mediana edad y cabello corto que estaba al frente de todo con una libreta roja en la mano.
¿Cómo sabía mi nombre? ¿no estarían confundiéndome con otra chica que se parece a mí?. Creí que estas cosas solo pasaban en la ciencia ficción, aunque este sitio supera todo aquello.


Quería sentarme sola, pero al haber un único asiento libre no me quedó otra.
-Me presento, mi nombre es Marcelo Diaz-dijo sin quitarme los ojos de encima. Al parecer soy la única que no lo conocía.
-Ahora que están todos en sus lugares, tomaré lista y ¡no quiero oír murmullos!

Pegadas a la pared verde que parecía brillar, estaban unas chicas maquilladas de manera exuberante ¿un poquito más notorias no podían ser?  
Las clasifiqué de “huecas” seres extraños salidos de otra galaxia,  para ser exacta.
-Aimerich Mariela, Gilbert Magali y Allende Madelaine ¡menos maquillaje para la próxima!-dijo el profesor poniendo cara de ogro.
Creo que por sus sonrisas pensaron que Marcelo las halagaba.
-Pero precep, no podemos venir feas-exclamó la de cabello más largo llevando una mano a su pecho y demostrando gran preocupación.
El preceptor dio unos pequeños golpes con sus zapatos en el suelo y la miró como si realmente le hubiese echo perder la poca paciencia que tenía.
-¡Sin excusas!

Miró la fila de adelante donde había una chica de mirada tímida, ojos violáceos. En mi vida vi ojos de ese color. Al lado de ella la acompañaban dos chicos.
-Hasting Luci, Holt Leandro y Briel Federico ¡que tengan un buen día!

Dejó de llevarles el apunte, en el fondo unos chicos se reían haciendo malos chistes. Sus cabellos lacios estaban peinados de la misma forma, y eran trillizos. Probablemente creían que estar en clase era divertido.
-¡Salazar Marcos, Salazar Matías y Salazar Martín! Espero que este año demuestren un poco de seriedad. Y si tienen algún buen chiste, compártanlo-parecía una advertencia para que callasen.
Tal vez esperaba demasiado pensé mirando como le hacian sonrisas con aire de superados.


-¿Te cuento un chiste? Para que si ya pasó-dijo Marcos. Al menos creo que era él.
-Fue el peor chiste que escuché en mi vida-respondió el preceptor, la verdad tenía razón.
-Precep, hay que darle un poco de humor a la vida-dijo uno de ellos levantando sus brazos.
-¡Media falta!-dijo el precep. -¿les gustó? Yo también tengo buen humor.   
-¡Usted no me gusta tengo novia!-exclamó Martín.  

Delante de ellos una chica estaba peinando su cabello rubio que brillaba como los rayos del sol. Ella se miraba al espejo que su amigo sostenía.
-¡Te he dicho que lo sostengas más alto!-gritó como si la acción de su amigo fuese terrible.
El otro chico a su lado miraba aburrido, tenía aspecto de vago y una mirada como si la vida lo tuviese cansado, su cabello estaba hecho un revoltijo demostrando el poco sentido que le daba a las cosas.
-¡Jazmín Price, guarda eso! Wells Francisco, y Owens Franco ¡buenos días!-dijo Marcelo intentando que se enteraren que esto no era una fiesta y estaban en el lugar donde el único comandante era él.
-¡Buenos días!-. Respondió Jazmín en nombre de los tres, guardando su espejo en la mochila.

Una chica con el cabello atado con dos moños rojos y ojos de un color castaño claro que se mezclaban con un extraño verdoso le contaba lo que parecía ser un secreto a su compañero. El chico era de algún país oriental, y se veía atractivo con su flequillo largo a un costado, de color negro teñido con tintes azules, él estiraba las piernas cómodamente sobre el escritorio de su compañero.

-¡Sanz Sophie, Takashama Hyoga, y Bradley Tobías! Por si no lo notaron-se señaló con el dedo índice-acabo de llegar, siéntensén como corresponde-les ordenó.
Marcelo tenía poca paciencia o tal vez tenía que demostrarse imponente, después de todo era el preceptor dirigiéndose a una manada de adolescentes.
-Saito Hanabi Sakura-.
Me sobresalté cuando dijo mi nombre completo, nunca había usado mi primer nombre.
-Cross Ian y Cross Gabriel-dijo mirando al chico, quien le sonrió y lo saludó con su mano derecha.
-¡En verdad, lo extrañe!-dijo el rubio-en vacaciones no hice mas que pensar en usted-. Se estaba burlando.
-Gabriel, empecemos el año en paz-. Miró a Ian amenazadoramente -¡Quítate los auriculares!-.
De mala gana los guardó en el bolsillo de su campera azul Francia que hacia que sus ojos azules destaquen aun más. Ian tenía un aire de auto superado y eso me molestó.


Pasadas unas horas Ian dejó de fingir que era invisible y puso mala cara.
-Me desagrada tu mirada arrogante.
-¡No se cual es tu problema, pero me caes mal!

Gabriel me miraba diferente.
-¡Bienvenida!
-¡Al infierno!-añadió Ian, sin dejar terminar la frase a su amigo.
-¡Tu amabilidad me conmueve!-. Primer día y ya alguien me cae mal.
-Ian, deberías cuidar mejor tus modales con los nuevos, más si es una chica.

Las chicas del fondo me miraron como si les hubiese pegado, no tengo idea  porque, escuché a una de ellas decir.
¡No puedo creerlo! primera vez y ya le habló.
-¡Espero que vaya sabiendo que se gano ser nuestra enemiga!

-¡La odio!-dijo Magali cerrando su carpeta.

D y A (capitulo 3 "Ian")

Capitulo 3 “Ian”

         Me esmeraré por que mi día sea un completo desastre, quiero decir “un hermoso día”, mejor dejo lo otro. Pensar eso me hace sentir  como una niñita, queriendo jugar a las barbies en su casita de muñecas. 
Decir barbies trae recuerdos de mi hermana, a ella le gustaba, aunque pronto se aburría y prefería jugar conmigo. Una vez me senté con ella, solo por animarla y de repente sus delicadas y hermosas barbies empezaban a jugar a la pelota y contaban chistes malos.
Recuerdo que ese día había sido muy malo, papá se había enojado mucho conmigo y me había pegado. ¿Qué fue lo que hice?, jugar a la pelota dentro de casa, eso no le gustó. Aprovechó a descargar su furia conmigo, ya que justó mamá por motivos de trabajo no estaba y eso empeoraba todo. Cada vez que ella no estaba en casa, era un caos. Nunca le contaba nada por miedo, no a ella, sino a él. Ese día quedamos asustados y tristes. Sus ojos violáceos lágrimeaban, mientras sus brazos aferrados a los míos temblaban de dolor e impotencia por no saber que hacer, estaba aterrado. Lo estábamos.
Lucia quería defenderme pero, ¿qué debería hacer una pequeña niña contra un adulto? Aparte, una chica no debe defender a un chico.
Algunos recuerdos de mi familia acaban por ser borrosos. Como si alguien se los hubiese llevado. Y otros se presentaban en sueños. Seguro por la transformación, eso dijo Gaby.


De alguna extraña forma había rotó el calefón.  Intenté repararlo cortando un caño gris y por un momento dio la impresión de haber funcionado, hasta que escuché un extraño ruido y decidí que ya había arreglado suficiente como para ir a pedir a Gabi que me ayudara a contactar alguna persona que arregla esta cosa. 
Por lo tanto me bañé con agua fría. ¡Ya pueden felicitarme!


Prepararé la lista sobre recados de “cosas que debo hacer”:

·                                         Comprar comida
·                                         Ir al colegio
·                                         Molestar a Hyoga
·                                         Procurar ser buen alumno en clase (solo fingiendo)
·                                         ¡Aprender a cocinar!
·                                         Nunca más reparar un calefón.

Mire  la heladera y solo había queso, tomate, botellas con mi bebida favorita, y unos sandwiches. Si Gaby no me recuerda lo que debo hacer en mi casa, siempre hago todo a último momento.
Segundo item “ir al colegio” nah esa cosa aburrida no debería estar en mi grandiosa lista, así que la taché. Releí el resto de la nota tomando mi birome azul “molestar a Hyoga, con algún chiste malo” sonreí, incluso la broma ya estaba planeada, solo espero que no salga tan mal como la ultima vez o me hará volar de una patada al polo sur como prometió indicando con el dedo índice hacia el sur, o eso creo, sigo creyendo que era el norte. Nunca conocí ese sitio y tal vez no sea tan malo, pero viajar de una patada no lo encuentro divertido. Le pediría que me acompañe pero él no me quiere y yo tampoco lo quiero.


Luego de preparar la lista, la rompí en jirones, hice un bollo y la lancé al tacho de basura que esta debajo de mi escritorio. Mi memoria es demasiado buena como para necesitar esa clase de cosas tontas. Apenas escribo lo que los profesores dicen en clases para no escuchar el discurso largo que a ellos les encanta dar. Creen que de verdad algún día me preocupara. Les gusta gastar gran tiempo en intentar explicar con todo el esmero lo que supuestamente creen que debo aprender, aunque no tienen mucha paciencia conmigo y no los culpo.

Fui a la cocina, la pared de mármol estaba salpicada del postre de vainilla que deje cocinando mientras me duchaba.
Comencé a limpiar con un trapo el enchastre, primero las paredes anaranjadas con puntitos amarillos, aunque se veía bastante artístico.
 El postre daba un olor asqueroso y eso que seguí las instrucciones. Bueno, en realidad salteé las últimas, como esa de revolver constantemente, quizás no debí haber dejado el postre cocinándose mientras me bañaba. 
 Enseguida terminé con la mesada, quedo brillante, pero el olor hizo que abriera la ventana y eché bastante perfume de limón, antes de que lleguen los bomberos, ya me pasó una vez cocinando una tarta.
-¡Esto es injusto! ¿Qué clase de postre es tan estupido como para burlarse de mí? Evidente que el de vainilla-dije observando la cacerola quemada. 
-¡Felicidades Ian, tu desayuno está arruinado!-me reproché. Y corrí las botellas de líquido rojo de la heladera para sacar los sándwiches de queso y jamón. Los había preparado anoche con mucho esmero. En realidad no, el jamón se salía por todos los bordes.
Créanme, el resto de los días en casa, son muy parecidos al de hoy. Pero cuando salgo, se vuelven mucho más interesantes.  

D y A (capitulo 2)

Cap 2 “Sakura”
         
         
          ¿Qué pasó? No hay más niebla gris, laguna ni árboles caídos. La gente y los animales no volvieron a aparecer, tampoco la mariposa.
Estoy en la misma plaza pero parece diferente a la de “plaza Francia”, el césped se ve de un color más vivo y de un extraño azulado. Es extraño que haya un mar a orillas de una plaza. El mar puede tragarse la plaza en cualquier momento.

Hay rosas azules, rojas, negras, jazmines, árboles de cerezo. Sus pétalos vuelan con el viento de una manera inusual y preciosa. Suena ridículo, pero me gustan. ¿Qué quieren que les diga qué prefiero un animal muerto que decoré la plaza, o quizás un par de zoombies?
Si no me conociera pensaría que he tomado algún tipo de sustancia extraña, lo cual hace un porcentaje de adolescentes a los que no me uniría.
Todo parece hermoso pero puedo asegurar que no me agrada aparecer en un sitio desconocido sin siquiera haber tenido un previo aviso. Quisiera llamar a alguien que conozca, pero se que no va a venir nadie a buscarme, así que tengo que controlar mis impulsos de querer seguir gritando para no pasar por loca.   

Alcé la cabeza. El cielo estaba despejado y pintado de un celeste pastel brillante, tan irreal que juraría que solo ocurre en cuentos de fantasía. Esa desgraciada estrella gigante llamada sol, con rayos amarillos y rojos comenzaba a molestar mis ojos, es culpa de sus rayos empeñados en que me entere que ellos son diferentes a los que conozco ¿Quiere guerra? ¡ja! Como si el vaya a molestarse en bajar. Solo da batalla desde las alturas, el muy cobarde.

El lugar tenía un extraño parecido a mi ciudad.
Caminé un poco por las calles buscando mi casa. Encontré un cartel luminoso que decía “bien venido a la ciudad de los sueños”, lo releí dos veces para quitarme la duda.
Que el lugar se llame así, ¡es tan ridículo!
Algunos puentes de madera conectaban las esquinas, y no había semáforos. Un detalle extraño.
Finalmente estuve segura de que aquella casa que veía era la mía, la puerta blanca era igual a la de mi casa real, palpé el bolsillo de mi jeans, tenía una llave hecha de imán plateado, extraña, pero aquí nada es como conozco.
Abrí, y algo dudosa como si no tuviese derecho a estar allí entré, después de todo no había ningún cartel que dijera “no pasar”

La mayoría de los muebles de la casa eran de roble, diferente a la que no están en mi sueño.
Fui a revisar mi cuarto, encontré algunas diferencias, el piso de madera plastificada, la computadora encima del escritorio violeta, la silla del escritorio roja y las paredes celeste pastel, el espejo estaba en una esquina que daba al placard.
Lo abrí y sentí alivio al ver la misma ropa de siempre, busqué mi favorita, me tomo un tiempo encontrarla, púes, los estantes eran diferentes. Finalmente en un cajón vi mi pollera tableada negra junto a la azul y unos jeans negros. En un cajón de abajo estaban las remeras rojas, azules, violetas y negras en su mayoría, revise el resto de los cajones para asegurarme que estuviese todo.
La mayor diferencia era que aca había orden. Si fui yo, seguro me había dado un golpe en la cabeza antes de arreglar. Cerré mi placard sonriente, juro que no fue por el orden. Giré media vuelta, viendo mi biblioteca. Abrí mi mochila gris, me sorprendió que esta tenía todo lo que necesitaba para mañana, carpeta, cartuchera, y un bolsillo donde guardaba, un peine, dentífrico, jabón y cepillo de dientes.
Observé mi otra mochila repleta de pins de anime que solía usar para los eventos. Al costado estaban mis auriculares y el celular, quise cargarlo y al no encontrar enchufes me desesperé. ¡Sin electricidad no puedo vivir! así que me fije si podía entrar a Internet con la batería que restaba, y descubrí que los aparatos electrónicos se cargaban acercándolos a una planta, entonces puse mi celular junto a una maceta cercana, deseando que no fuese broma.

Sobre el estante de arriba había  mangas de animé, (para el que no lo sabe, son libros con imágenes y diálogos, de dibujos japoneses)
En el medio de los mangas, hay un álbum, demasiado importante para mí, Algunas fotos con mis padres, otras con mi novio. Mi corazón palpitaba con solo recordarlo. A veces siento su presencia. Estoy segura de que un día nos volveremos a ver. En otras fotos estaban amigos que no veía desde hacia mucho tiempo.
Preferí no abrirlo, me causa nostalgia y algo de tristeza  ¿Qué será de ellos? ¿Los volveré a ver? ¿Estarán en este sueño? 

La noche se asomaba, así que fui a la cocina, abrí la heladera y no encontré la comida de siempre, en vez de milanesas de carne había de soja de color verde y no marrones, pero el prospecto de la marca indicaba que eran así. Las calenté y me serví un vaso de jugo de naranja.
 Fui a mi cuarto y encendí la computadora que estaba al lado de una maceta con una planta que parecía irradiar vibraciones en torno al ordenador. Eso fue más sorprendente que la falta de cables. La encendí igual que siempre, y me puse a buscar una serie de anime, deseando que exista. Por suerte existía, cuando empecé a mirarla me di cuenta que las imágenes eran  más sofisticadas, como si fuesen en “4D”

                                
Es la hora en que mis padres deberían llegar.
Busqué el cuarto de ellos, y me sorprendí al ver que la habitación no estaba.  Sentí una punzada, ¿Dónde estarán? ¿Cómo puede ser que este todo lo mió y nada de ellos? Esta casa parecía como un vestido hecho a mi medida.

Salí a dar un recorrido para poder despejarme. Me siento completamente aturdida. Ni el anime me quitó las ansias de saber más de este lugar, y que pasó con mis padres.
Las estrellas no estaban y el cielo era verde oscuro. 
La luna era de una inusual tonalidad roja, y parecía tener finos rayos, casi imperceptibles que se desprendían hasta chocar sobre los árboles y plantas, los cuales se iluminaban. Eso no impedía que la oscuridad resplandeciera, haciéndose respetar.


Seguí algo que me llamó la atención, entre medio de los árboles, se encontraban dos chicos peleando.
Así que me quedé viendo como el chico de pelo oscuro, se lanzaba encima del chico rubio. Creo que tienen unos 16 años, y debían medir como un metro setenta. Me llevaban como diez centímetros de altura.
Era extraño que el rubio pese a la situación estaba tranquilo, su calma era intensa como un mar sereno.

-Empéñate menos en discutir lo indiscutible y reconoce que te equivocaste-dijo él.
-Estás equivocado-respondió el chico, resplandeciente de furia, con mechones de su lacio cabello oscuro cayendo sobre sus ojos.
-Eres una marioneta que hace lo que ellos buscan-dijo el rubio dejando caer unos bucles en su frente-los años van pasando y sigues chocando con la misma pared y no te rindes, crees que un día saltarás y estarás del otro lado.
-A veces pienso que soy tu marioneta y haces de mi lo que te place. No voy a saltar la pared, la voy a romper.
-No ganaras nada, ya que eres mi marioneta te manejo como quiero-lo burló el rubio evidenciando que no era así. Parecía decepcionado. -Quítate de encima.

Resignado se levantó y quedaron en un profundo silencio. Era como ver un mar avivado por la tormenta.
Su piel blanca contrastaba con sus lacios y finos cabellos oscuros representando la oscuridad de la noche y sus ojos de un azul eléctrico, mostraban un extremo sentimiento de injusticia: hablaban por él. Parecían conectarse sin necesidad de palabras. Solo el sonido del viento interrumpía, moviendo levemente sus cabellos.

Decidí retirarme de aquel lugar. Por que no debo meterme donde no me llaman y no puedo resolver nada, estoy cansada, así que mañana empezaré a investigar. 
























sábado, 3 de diciembre de 2016

Dimensiones y artefactos magicos (capitulo 1)

Principio 1: “Sakura”
Todo está oscuro y sombrío en mi habitación, mi cama demasiado dura. Aquí no corre aire ¿qué está pasando? Si mis ventanas estaban entre abiertas y circulaba una brisa suave entre las hendijas. ¡Algo anda mal, muy mal!, no tengo sabanas, y estoy encerrada en algo de madera. Una luz blanquecina recorre mi ser permitiendo que mi alma se desprenda, y salgo afuera de ese cajón de roble rectangular. Llevó un vestido blanco de mangas cortas, bastante sencillo que no encaja nada con migo. Lo veo todo desde afuera. Mi cajón recubierto con un ramo de rosas rojas y negras sobre un césped bien cortado. Solo dos rostros conocidos. Mis padres. Lloran arrodillados sobre él cajón, parece que apenas pueden creerlo, están totalmente destruidos y eso es poco para describir sus sentimientos. Mi madre lleva un sombrero y vestido negro, poco típica en ella, él un traje, corbata oscura, y una camisa blanca. A un par de metros un joven de ojos azul Francia que resaltan entre la oscuridad, observa el cajón desesperanzado, como si sintiese culpa de no haber podido hacer nada más. El rubio que está a su lado coloca una mano en su hombro como queriendo consolarlo. Y Alguien desde un árbol, sentado en una gruesa rama como si no quisiera ser reconocido, nos observa. Apenas se ven unos mechones castaños que se desprenden de su capucha. Una leve sonrisa se dibuja en su rostro como si fuese él único que ve algo bueno. Si hay tristeza en su mirada, no es por mí. Sus ojos rebelan años intensos de dolor. Abrí los ojos.

Mi corazón palpitó desenfrenado. ¿He visto mi propia muerte? ¿o solo era un simple sueño? Algunos dirían que debe tratarse de una de esos sueños donde supuesta mente alargas tu vida ¡las tonterías que cree la gente son increíbles! Pensé observando mis ojos verdes y mi cabello oscuro en el espejo de mi cuarto, sentada sobre la mesa de mi escritorio. Salí de entre medio del desorden esquivando ropa, revolee sobre mi cama una remera negra con flores rojas que permanecía debajo de mi escritorio, ¿Qué mal iba a hacerle un poco más de desorden a la cama? aunque el piso tampoco se quejaba, ni se veía tan mal como la semana anterior en que mi madre me obligó a ordenar diciendo que mi cabeza estaba igual que el caos de mi cuarto. Bajé las escaleras de madera para ir a desayunar. Ya sentía el aroma de las tostadas con olor a quemado, raramente a mi madre se le quemaban, Si fuese por mi, las tostadas arderían en llamas, ¿para que quemarlas cuando puedo ser más original? Seguro se le quemaron a papá que se entretuvo con alguna otra cosa. Tal vez leyendo la aburrida sesión de deportes en el diario, o corrigiendo exámenes de sus alumnos de la facultad. Ser profesor le gustaba más que su trabajo habitual de contador público. Si no fuese por la corta paga se dedicaría solo a enseñar contabilidad. Mi madre era profesora en la facultad de ciencias exactas. De hecho se conocieron allí. Encontré a mi papá leyendo el diario sobre la mesa redonda de madera, recubierta por un mantel blanco de plástico y mí mamá colocando las tostadas en un plato rojo. Tomé la leche de la heladera, el café de la alacena y preparé lo que faltaba para desayunar.

-¿Te caíste de la cama?-Preguntó mi padre con un tono burlón.

-No, tan solo paso un huracán-respondí mirando la tostada que untaba.

-Tu cabello dejo prueba de eso-respondió papá con una sonrisa. -Buenos días hija, cuando acabes el desayuno prepara la mochila-dijo mamá colocando sus brazos en jarra.

-¡No tengo ganas!-respondí molesta como si aquello me quitaría gran parte de mi aburrida rutina. -Haces todo a último momento-. Se quejó mi mamá cruzada de brazos, no con enojo, solo seria, sabía que mi comportamiento era cosa de adolescente.

-¿Algún problema?-respondí algo desafiante. Ella no tenía la culpa pero como para hacer alguna diferencia, me había despertado de mal humor.

-Por favor, no discutan-nos pidió papá. Como siempre tenía que salir de adentro “el señor pacifista”

-Sakura, te diré una cosa, espero que este año tengas una mejor actitud en el colegio, ya tienes casi 15 años.

-¡Solo me defendía!-dije sabiendo a qué tema se refería específicamente. No hacia falta aclararlo.

-No es motivo para lo que hiciste-insistió mamá.

-¡Ya basta!-dije tomando mis llaves y me fui a la plaza.
 De otra forma estaríamos discutiendo sobre este tema del cual doy por terminado. Y honestamente, aunque ustedes lo crean, no es emocionante ¡vamos! sé cuanto les encanta los dramas familiares. Durante estas vacaciones el tema de mi mal comportamiento en clase, se volvió tema rutinario del almuerzo. Y por si con eso no alcanzaba, era la salsa extra de algunas cenas.                                    

Cuando llegué a la plaza observé las aguas brillantes de la laguna, recostada en el pasto, me puse a pensar lo que haría el resto de mi fin de semana antes de comenzar las clases, donde otro año me esperaba en un nuevo colegio. Por que he cambiado se preguntaran, fue a causa de mis odiosas ex compañeras. Todo comenzó una detestable mañana en la que había llegado al curso antes que nadie, estaba tranquila en el fondo del aula escuchando música que valía la pena oír, no como esa asquerosa música horripilante que oye la mayoría. De pronto una chica, de esas que suelen creerse las más lindas del curso, se acercó con una sonrisita y comenzó con uno de sus parloteos, preferí hacer de cuenta que era sorda, hasta que logro hacerme enfadar al llamarme “rarita”. Cansada de esta situación que se repetía a menudo, la tomé de un brazo y amagué a darle un puñetazo en el estómago, las huequitas de sus amigas se acercaron a defenderla mientras llorisqueaba exagerando la situación, ellas le avisaron al director, en fin, fui suspendida. Ahora ya saben. Gire mi vista a un costado y sentí envidia por una pareja de novios que se miraban tan intensamente como si solo ellos existieran. Como desearía pasar esta tarde con mi novio perdiéndome en sus ojos verdes como diamantes y olvidando que el mundo existe, pero eso nunca va a volver a pasar, él se fue para siempre. En mi memoria queda su sonrisa, que en pesadillas se vuelve pálida, sin vida y sin alma como la última vez que lo vi. Aunque la gente crea que después de dos años debería olvidarlo, no puedo.

En ese momento una mariposa oscura se posó en mi mano y recordé el día en que mi novio dijo “si un día ves una mariposa fuera de época, tu vida tomara un giró inesperado”. Su color oscuro se volvió cristalino y los rayos del sol reflejados en la laguna nublaron mis ojos. La mariposa se dibujaba, y desdibujaba, como si se fuese a desmaterializar. De pronto una niña que pasó a mi lado me recordó mi niñez, era como yo, sonriente y despreocupada, de largos cabellos oscuros y desordenados por el viento, jugaba a las escondidas y de repente desapareció. Pero no solo ella, los niños que se escondían detrás de los arbustos y la pareja de adolescentes que se besaban despreocupados también. Parecía la única sorprendida. Como si hubiese una especie de extraño hechizo. Las personas se alejaban como fantasmas en el aire, los perros, las aves y los patos de la laguna desaparecían hasta que no quedo nadie. La nebulosa se hacia intensa. Humo gris se esparcía abarcando toda la plaza. En el cielo unas enormes nubes formaban las alas de un ángel, parecían reales. Mis latidos se aceleraron, mi corazón martillaba más fuerte que el ruido de de la laguna que comenzaba a agitarse, me sentía tan aturdida que podría jurar que se escuchaba a kilómetros. El temblor sacudió las plantas, dejándolas libres de sus flores blancas, los árboles se movieron y cayeron, eso turbó el aguas,. Estaba atónita y temí que algún árbol me golpease. Hasta el césped de la plaza se movió, y se levantaban nubes de polvo que se elevaban del suelo, el aroma a tierra se desprendía confundiéndose con el resto y me hicieron toser. Tuve que aferrarme a la gruesa rama de un árbol inclinado en dirección a la laguna, fue inútil. Las vibraciones comenzaron a sacudirme ¿será un terremoto? ¡Imposible! en Buenos Aires no hay. El agua fría salpicó mis zapatillas, y pronto se mojaron. La corteza del árbol y la fuerza con la que me sostenía, me lastimó, comencé a sentir el ardor, quería gritar, porque ya no tenía fuerza para soportar el dolor así que me solté, mi cuerpo se tensaba, la respiración se entre cortaba y me costaba respirar. Las hojas verdes caían como gotas de lluvia y me golpeaba alguna que otra rama rajando mi ropa. Cerré los ojos al sentir como el agua, transformándose en olas, me sacudía hasta envolverme por completo, no puedo respirar, en lugar de aire, había agua, y me zumbaban los oídos. Al abrir los ojos me picaron por la salinidad marina y el panorama cambió, me encontré ante la majestuosidad de un mar verde y el cielo que se confundía con el mar. Sentí un leve cosquilleo en mi mano enrojecida por la sangre, mi cuerpo ardía con la sal, que cicatrizaba mis heridas y las lágrimas caían por mi rostro, el dolor se tornaba insoportable. El único ruido que se escuchaba eran mis gritos. Sentía tanto dolor que pensé que nunca podría levantarme, hasta el leve movimiento de mis ojos me fastidiaba. Me sorprendió que aun la mariposa este en mi mano, en ese momento se desintegró haciéndose polvo. No se cuanto tiempo paso hasta que las heridas desaparecieron, incluso la ropa dejo de estar rota. Fue aquella mágica mariposa quien me curó. Pero el dolor aun permanece de una forma muy leve. No sé si estoy soñando pero una corazonada dice que mi vida cambiara por siempre.