martes, 6 de diciembre de 2016

D Y A (capitulo 4)

Capitulo 4 “Sakura”
        
       -¿Mermelada de fresa en un frasco de madera?-no recuerdo la última vez que comí esto, pero como es lo que hay, lo untaré con pan. El pan es de color entre marrón y dorado. El paquete decía que colocándolo al microondas obtenías el mismo sabor que del pan casero recién horneado. Fue lo que hice.

La falta de necesidad de enchufar el microondas fue rara, pero aun más lo era colocar el enchufe sobre la maceta de una planta de menta. No me gusta cuidar plantas, pero si es lo único que hace que mis artefactos anden, las regaré todos los días y las pondré al sol, decir esto fue una triste noticia.   

Arriba de la mesada estaba una tarjeta plateada de crédito a mi nombre y un mensaje que, en resumidas cuentas, decía “esto es para los alumnos de secundaria que se encuentran viviendo solos” junto con las indicaciones de los bancos donde se podía utilizar. ¡Ni sueñen que contaré detalle a detalle el mensaje! considerando que mis padres no están me vendrá bien.          
Me preparé para ir al colegio, peiné un poco mi cabello aunque sin demasiado esmero. Me puse zapatos marrones, pollera verde cuadrille y remera blanca. Estoy tan nerviosa que tengo ganas de no salir. Pero no puedo quedarme aquí sentada esperando a que alguien entre y me de una explicación de cómo aparecí en este sitio.

Se ven muy limpias las calles, las paredes de las casas brillan y se siente el fuerte aroma a flores de Jacarandá, cerezos y tilo que juntos conforman un agradable fragancia. Me preguntó si echarán desodorantes de ambiente por las mañanas o quizás por las noches, pero no parece ser así. Dudo que la mayoría de los habitantes estén de acuerdo con tener aromatizantes florales por todos lados.   
Crucé por puentes de madera oscura, al pisarlos eran suaves como la arena, es bueno que estén, evita accidentes.

Unos rayos de luz solar se reflejaron en un árbol y luego dispararon mi celular haciéndolo vibrar, la batería subió al cien por ciento, ¡Increíble! Esto me gustó.
Miré la hora, no podía creerlo, eran las siete y cuarenta de la mañana, llegaré tarde. Supongo que por ser el primer día no me dirían nada. Nadie puede culpar a una chica que aparece en un sitio desconocido y parecido al que había vivido antes.
No es una buena presentación de mi parte pero me importa poco, no sé si estoy en un mundo real o en un sueño. Di una patada al suelo, esto había comenzado a molestarme.
Caminé apresurada sin detenerme hasta que vi un enorme portón azul, con dos árboles de cerezo a los costados. La puerta corrediza no tenía manijas ni cerradura ¿cómo la abriría? Me quedé esperando que alguien resuelva mi duda sin tener que preguntar, para no quedar como si fuese una tonta. Seguro que todos conocen el mecanismo.
Un chico apoyó su mano en la puerta, en cuestión de segundos se abrió. ¿Así de fácil era? Hice lo mismo y pase.
Se abrió y sentí el dulce aroma a limpieza confundiéndose con las flores.

 En el ancho corredor principal no había más que un maestro que caminaba con libros bajo el brazo, voces que provenían detrás de las puertas verdes y el reluciente piso verde de baldosas recién limpiado. Subí las escaleras y me di cuenta que estaba en el sector de primaria. Sin mucho andar, ya que el colegio no era demasiado grande, encontré un cartel tallado en madera que decía “tercer año”, pegado al lado de la puerta azul.

Cuando entré al salón de clase, solo había un lugar, dude, Tenía dos opciones quedarme o irme.
Al lado de ese asiento libre se encontraba el chico rubio y al otro costado el de pelo oscuro, él no lucía nada simpático.
Ellos eran raros. ¿Ayer se pelearon y hoy se sientan juntos?
Sentí que todos me observaban con miradas extrañas, como si quisieran interrogarme. Tampoco les iba a explicar que misteriosamente una laguna me transportó a este lugar y apareció una casa muy parecida a la mía, pero donde no estaba mi familia y muchas otras cosas extrañas siguieron sucediendo.


-¿Debes ser Saito Sakura? ve a sentarte al lado de ellos-dijo el hombre de mediana edad y cabello corto que estaba al frente de todo con una libreta roja en la mano.
¿Cómo sabía mi nombre? ¿no estarían confundiéndome con otra chica que se parece a mí?. Creí que estas cosas solo pasaban en la ciencia ficción, aunque este sitio supera todo aquello.


Quería sentarme sola, pero al haber un único asiento libre no me quedó otra.
-Me presento, mi nombre es Marcelo Diaz-dijo sin quitarme los ojos de encima. Al parecer soy la única que no lo conocía.
-Ahora que están todos en sus lugares, tomaré lista y ¡no quiero oír murmullos!

Pegadas a la pared verde que parecía brillar, estaban unas chicas maquilladas de manera exuberante ¿un poquito más notorias no podían ser?  
Las clasifiqué de “huecas” seres extraños salidos de otra galaxia,  para ser exacta.
-Aimerich Mariela, Gilbert Magali y Allende Madelaine ¡menos maquillaje para la próxima!-dijo el profesor poniendo cara de ogro.
Creo que por sus sonrisas pensaron que Marcelo las halagaba.
-Pero precep, no podemos venir feas-exclamó la de cabello más largo llevando una mano a su pecho y demostrando gran preocupación.
El preceptor dio unos pequeños golpes con sus zapatos en el suelo y la miró como si realmente le hubiese echo perder la poca paciencia que tenía.
-¡Sin excusas!

Miró la fila de adelante donde había una chica de mirada tímida, ojos violáceos. En mi vida vi ojos de ese color. Al lado de ella la acompañaban dos chicos.
-Hasting Luci, Holt Leandro y Briel Federico ¡que tengan un buen día!

Dejó de llevarles el apunte, en el fondo unos chicos se reían haciendo malos chistes. Sus cabellos lacios estaban peinados de la misma forma, y eran trillizos. Probablemente creían que estar en clase era divertido.
-¡Salazar Marcos, Salazar Matías y Salazar Martín! Espero que este año demuestren un poco de seriedad. Y si tienen algún buen chiste, compártanlo-parecía una advertencia para que callasen.
Tal vez esperaba demasiado pensé mirando como le hacian sonrisas con aire de superados.


-¿Te cuento un chiste? Para que si ya pasó-dijo Marcos. Al menos creo que era él.
-Fue el peor chiste que escuché en mi vida-respondió el preceptor, la verdad tenía razón.
-Precep, hay que darle un poco de humor a la vida-dijo uno de ellos levantando sus brazos.
-¡Media falta!-dijo el precep. -¿les gustó? Yo también tengo buen humor.   
-¡Usted no me gusta tengo novia!-exclamó Martín.  

Delante de ellos una chica estaba peinando su cabello rubio que brillaba como los rayos del sol. Ella se miraba al espejo que su amigo sostenía.
-¡Te he dicho que lo sostengas más alto!-gritó como si la acción de su amigo fuese terrible.
El otro chico a su lado miraba aburrido, tenía aspecto de vago y una mirada como si la vida lo tuviese cansado, su cabello estaba hecho un revoltijo demostrando el poco sentido que le daba a las cosas.
-¡Jazmín Price, guarda eso! Wells Francisco, y Owens Franco ¡buenos días!-dijo Marcelo intentando que se enteraren que esto no era una fiesta y estaban en el lugar donde el único comandante era él.
-¡Buenos días!-. Respondió Jazmín en nombre de los tres, guardando su espejo en la mochila.

Una chica con el cabello atado con dos moños rojos y ojos de un color castaño claro que se mezclaban con un extraño verdoso le contaba lo que parecía ser un secreto a su compañero. El chico era de algún país oriental, y se veía atractivo con su flequillo largo a un costado, de color negro teñido con tintes azules, él estiraba las piernas cómodamente sobre el escritorio de su compañero.

-¡Sanz Sophie, Takashama Hyoga, y Bradley Tobías! Por si no lo notaron-se señaló con el dedo índice-acabo de llegar, siéntensén como corresponde-les ordenó.
Marcelo tenía poca paciencia o tal vez tenía que demostrarse imponente, después de todo era el preceptor dirigiéndose a una manada de adolescentes.
-Saito Hanabi Sakura-.
Me sobresalté cuando dijo mi nombre completo, nunca había usado mi primer nombre.
-Cross Ian y Cross Gabriel-dijo mirando al chico, quien le sonrió y lo saludó con su mano derecha.
-¡En verdad, lo extrañe!-dijo el rubio-en vacaciones no hice mas que pensar en usted-. Se estaba burlando.
-Gabriel, empecemos el año en paz-. Miró a Ian amenazadoramente -¡Quítate los auriculares!-.
De mala gana los guardó en el bolsillo de su campera azul Francia que hacia que sus ojos azules destaquen aun más. Ian tenía un aire de auto superado y eso me molestó.


Pasadas unas horas Ian dejó de fingir que era invisible y puso mala cara.
-Me desagrada tu mirada arrogante.
-¡No se cual es tu problema, pero me caes mal!

Gabriel me miraba diferente.
-¡Bienvenida!
-¡Al infierno!-añadió Ian, sin dejar terminar la frase a su amigo.
-¡Tu amabilidad me conmueve!-. Primer día y ya alguien me cae mal.
-Ian, deberías cuidar mejor tus modales con los nuevos, más si es una chica.

Las chicas del fondo me miraron como si les hubiese pegado, no tengo idea  porque, escuché a una de ellas decir.
¡No puedo creerlo! primera vez y ya le habló.
-¡Espero que vaya sabiendo que se gano ser nuestra enemiga!

-¡La odio!-dijo Magali cerrando su carpeta.

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