Cap 2 “Sakura”
¿Qué pasó? No hay más niebla gris, laguna
ni árboles caídos. La gente y los animales no volvieron a aparecer, tampoco la
mariposa.
Estoy
en la misma plaza pero parece diferente a la de “plaza Francia”, el césped
se ve de un color más vivo y de un extraño azulado. Es extraño que haya un mar
a orillas de una plaza. El mar puede tragarse la plaza en cualquier momento.
Hay
rosas azules, rojas, negras, jazmines, árboles de cerezo. Sus pétalos vuelan
con el viento de una manera inusual y preciosa. Suena ridículo, pero me gustan.
¿Qué quieren que les diga qué prefiero un animal muerto que decoré la plaza, o
quizás un par de zoombies?
Si
no me conociera pensaría que he tomado algún tipo de sustancia extraña, lo cual
hace un porcentaje de adolescentes a los que no me uniría.
Todo
parece hermoso pero puedo asegurar que no me agrada aparecer en un sitio
desconocido sin siquiera haber tenido un previo aviso. Quisiera llamar a
alguien que conozca, pero se que no va a venir nadie a buscarme, así que tengo
que controlar mis impulsos de querer seguir gritando para no pasar por
loca.
Alcé
la cabeza. El cielo estaba despejado y pintado de un celeste pastel brillante,
tan irreal que juraría que solo ocurre en cuentos de fantasía. Esa desgraciada
estrella gigante llamada sol, con rayos amarillos y rojos comenzaba a molestar
mis ojos, es culpa de sus rayos empeñados en que me entere que ellos son
diferentes a los que conozco ¿Quiere guerra? ¡ja! Como si el vaya a molestarse
en bajar. Solo da batalla desde las alturas, el muy cobarde.
El
lugar tenía un extraño parecido a mi ciudad.
Caminé
un poco por las calles buscando mi casa. Encontré un cartel luminoso que decía
“bien venido a la ciudad de los sueños”, lo releí dos veces para quitarme la duda.
Que
el lugar se llame así, ¡es tan ridículo!
Algunos
puentes de madera conectaban las esquinas, y no había semáforos. Un detalle extraño.
Finalmente
estuve segura de que aquella casa que veía era la mía, la puerta blanca era igual
a la de mi casa real, palpé el bolsillo de mi jeans, tenía una llave hecha de
imán plateado, extraña, pero aquí nada es como conozco.
Abrí,
y algo dudosa como si no tuviese derecho a estar allí entré, después de todo no
había ningún cartel que dijera “no pasar”
La
mayoría de los muebles de la casa eran de roble, diferente a la que no están
en mi sueño.
Fui
a revisar mi cuarto, encontré algunas diferencias, el piso de madera
plastificada, la computadora encima del escritorio violeta, la silla del
escritorio roja y las paredes celeste pastel, el espejo estaba en una esquina
que daba al placard.
Lo
abrí y sentí alivio al ver la misma ropa de siempre, busqué mi favorita, me tomo
un tiempo encontrarla, púes, los estantes eran diferentes. Finalmente en un
cajón vi mi pollera tableada negra junto a la azul y unos jeans negros. En un
cajón de abajo estaban las remeras rojas, azules, violetas y negras en su
mayoría, revise el resto de los cajones para asegurarme que estuviese todo.
La
mayor diferencia era que aca había orden. Si fui yo, seguro me había dado un
golpe en la cabeza antes de arreglar. Cerré mi placard sonriente, juro que no
fue por el orden. Giré media vuelta, viendo mi biblioteca. Abrí mi mochila
gris, me sorprendió que esta tenía todo lo que necesitaba para mañana, carpeta,
cartuchera, y un bolsillo donde guardaba, un peine, dentífrico, jabón y cepillo
de dientes.
Observé
mi otra mochila repleta de pins de anime que solía usar para los eventos. Al
costado estaban mis auriculares y el celular, quise cargarlo y al no encontrar
enchufes me desesperé. ¡Sin electricidad no puedo vivir! así que me fije si podía entrar a Internet con la batería que restaba,
y descubrí que los aparatos electrónicos se cargaban acercándolos a una planta,
entonces puse mi celular junto a una maceta cercana, deseando que no fuese
broma.
Sobre
el estante de arriba había mangas de
animé, (para el que no lo sabe, son libros con imágenes y diálogos, de dibujos
japoneses)
En
el medio de los mangas, hay un álbum, demasiado importante para mí, Algunas
fotos con mis padres, otras con mi novio. Mi corazón palpitaba con solo
recordarlo. A veces siento su presencia. Estoy segura de que un día nos volveremos
a ver. En otras fotos estaban amigos que no veía desde hacia mucho tiempo.
Preferí
no abrirlo, me causa nostalgia y algo de tristeza ¿Qué será de ellos? ¿Los volveré a ver?
¿Estarán en este sueño?
La
noche se asomaba, así que fui a la cocina, abrí la heladera y no encontré la
comida de siempre, en vez de milanesas de carne había de soja de color verde y
no marrones, pero el prospecto de la marca indicaba que eran así. Las calenté y
me serví un vaso de jugo de naranja.
Fui a mi cuarto y encendí la computadora que
estaba al lado de una maceta con una planta que parecía irradiar vibraciones en
torno al ordenador. Eso fue más sorprendente que la falta de cables. La encendí
igual que siempre, y me puse a buscar una serie de anime, deseando que exista.
Por suerte existía, cuando empecé a mirarla me di cuenta que las imágenes eran más sofisticadas, como si fuesen en “4D”
Es
la hora en que mis padres deberían llegar.
Busqué
el cuarto de ellos, y me sorprendí al ver que la habitación no estaba. Sentí una punzada, ¿Dónde estarán? ¿Cómo
puede ser que este todo lo mió y nada de ellos? Esta casa parecía como un
vestido hecho a mi medida.
Salí
a dar un recorrido para poder despejarme. Me siento completamente aturdida. Ni
el anime me quitó las ansias de saber más de este lugar, y que pasó con mis
padres.
Las
estrellas no estaban y el cielo era verde oscuro.
La
luna era de una inusual tonalidad roja, y parecía tener finos rayos, casi
imperceptibles que se desprendían hasta chocar sobre los árboles y plantas, los
cuales se iluminaban. Eso no impedía que la oscuridad resplandeciera,
haciéndose respetar.
Seguí
algo que me llamó la atención, entre medio de los árboles, se encontraban dos
chicos peleando.
Así
que me quedé viendo como el chico de pelo oscuro, se lanzaba encima del chico
rubio. Creo que tienen unos 16 años, y debían medir como un metro setenta. Me
llevaban como diez centímetros de altura.
Era
extraño que el rubio pese a la situación estaba tranquilo, su calma era intensa
como un mar sereno.
-Empéñate
menos en discutir lo indiscutible y reconoce que te equivocaste-dijo él.
-Estás
equivocado-respondió el chico, resplandeciente de furia, con mechones de su
lacio cabello oscuro cayendo sobre sus ojos.
-Eres
una marioneta que hace lo que ellos buscan-dijo el rubio dejando caer unos
bucles en su frente-los años van pasando y sigues chocando con la misma pared y
no te rindes, crees que un día saltarás y estarás del otro lado.
-A
veces pienso que soy tu marioneta y haces de mi lo que te place. No voy a
saltar la pared, la voy a romper.
-No
ganaras nada, ya que eres mi marioneta te manejo como quiero-lo burló el rubio
evidenciando que no era así. Parecía decepcionado. -Quítate de encima.
Resignado
se levantó y quedaron en un profundo silencio. Era como ver un mar avivado por
la tormenta.
Su
piel blanca contrastaba con sus lacios y finos cabellos oscuros representando
la oscuridad de la noche y sus ojos de un azul eléctrico, mostraban un extremo
sentimiento de injusticia: hablaban por él. Parecían conectarse sin necesidad
de palabras. Solo el sonido del viento interrumpía, moviendo levemente sus
cabellos.
Decidí
retirarme de aquel lugar. Por que no debo meterme donde no me llaman y no puedo
resolver nada, estoy cansada, así que mañana empezaré a investigar.
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