martes, 6 de diciembre de 2016

D y A (capitulo 2)

Cap 2 “Sakura”
         
         
          ¿Qué pasó? No hay más niebla gris, laguna ni árboles caídos. La gente y los animales no volvieron a aparecer, tampoco la mariposa.
Estoy en la misma plaza pero parece diferente a la de “plaza Francia”, el césped se ve de un color más vivo y de un extraño azulado. Es extraño que haya un mar a orillas de una plaza. El mar puede tragarse la plaza en cualquier momento.

Hay rosas azules, rojas, negras, jazmines, árboles de cerezo. Sus pétalos vuelan con el viento de una manera inusual y preciosa. Suena ridículo, pero me gustan. ¿Qué quieren que les diga qué prefiero un animal muerto que decoré la plaza, o quizás un par de zoombies?
Si no me conociera pensaría que he tomado algún tipo de sustancia extraña, lo cual hace un porcentaje de adolescentes a los que no me uniría.
Todo parece hermoso pero puedo asegurar que no me agrada aparecer en un sitio desconocido sin siquiera haber tenido un previo aviso. Quisiera llamar a alguien que conozca, pero se que no va a venir nadie a buscarme, así que tengo que controlar mis impulsos de querer seguir gritando para no pasar por loca.   

Alcé la cabeza. El cielo estaba despejado y pintado de un celeste pastel brillante, tan irreal que juraría que solo ocurre en cuentos de fantasía. Esa desgraciada estrella gigante llamada sol, con rayos amarillos y rojos comenzaba a molestar mis ojos, es culpa de sus rayos empeñados en que me entere que ellos son diferentes a los que conozco ¿Quiere guerra? ¡ja! Como si el vaya a molestarse en bajar. Solo da batalla desde las alturas, el muy cobarde.

El lugar tenía un extraño parecido a mi ciudad.
Caminé un poco por las calles buscando mi casa. Encontré un cartel luminoso que decía “bien venido a la ciudad de los sueños”, lo releí dos veces para quitarme la duda.
Que el lugar se llame así, ¡es tan ridículo!
Algunos puentes de madera conectaban las esquinas, y no había semáforos. Un detalle extraño.
Finalmente estuve segura de que aquella casa que veía era la mía, la puerta blanca era igual a la de mi casa real, palpé el bolsillo de mi jeans, tenía una llave hecha de imán plateado, extraña, pero aquí nada es como conozco.
Abrí, y algo dudosa como si no tuviese derecho a estar allí entré, después de todo no había ningún cartel que dijera “no pasar”

La mayoría de los muebles de la casa eran de roble, diferente a la que no están en mi sueño.
Fui a revisar mi cuarto, encontré algunas diferencias, el piso de madera plastificada, la computadora encima del escritorio violeta, la silla del escritorio roja y las paredes celeste pastel, el espejo estaba en una esquina que daba al placard.
Lo abrí y sentí alivio al ver la misma ropa de siempre, busqué mi favorita, me tomo un tiempo encontrarla, púes, los estantes eran diferentes. Finalmente en un cajón vi mi pollera tableada negra junto a la azul y unos jeans negros. En un cajón de abajo estaban las remeras rojas, azules, violetas y negras en su mayoría, revise el resto de los cajones para asegurarme que estuviese todo.
La mayor diferencia era que aca había orden. Si fui yo, seguro me había dado un golpe en la cabeza antes de arreglar. Cerré mi placard sonriente, juro que no fue por el orden. Giré media vuelta, viendo mi biblioteca. Abrí mi mochila gris, me sorprendió que esta tenía todo lo que necesitaba para mañana, carpeta, cartuchera, y un bolsillo donde guardaba, un peine, dentífrico, jabón y cepillo de dientes.
Observé mi otra mochila repleta de pins de anime que solía usar para los eventos. Al costado estaban mis auriculares y el celular, quise cargarlo y al no encontrar enchufes me desesperé. ¡Sin electricidad no puedo vivir! así que me fije si podía entrar a Internet con la batería que restaba, y descubrí que los aparatos electrónicos se cargaban acercándolos a una planta, entonces puse mi celular junto a una maceta cercana, deseando que no fuese broma.

Sobre el estante de arriba había  mangas de animé, (para el que no lo sabe, son libros con imágenes y diálogos, de dibujos japoneses)
En el medio de los mangas, hay un álbum, demasiado importante para mí, Algunas fotos con mis padres, otras con mi novio. Mi corazón palpitaba con solo recordarlo. A veces siento su presencia. Estoy segura de que un día nos volveremos a ver. En otras fotos estaban amigos que no veía desde hacia mucho tiempo.
Preferí no abrirlo, me causa nostalgia y algo de tristeza  ¿Qué será de ellos? ¿Los volveré a ver? ¿Estarán en este sueño? 

La noche se asomaba, así que fui a la cocina, abrí la heladera y no encontré la comida de siempre, en vez de milanesas de carne había de soja de color verde y no marrones, pero el prospecto de la marca indicaba que eran así. Las calenté y me serví un vaso de jugo de naranja.
 Fui a mi cuarto y encendí la computadora que estaba al lado de una maceta con una planta que parecía irradiar vibraciones en torno al ordenador. Eso fue más sorprendente que la falta de cables. La encendí igual que siempre, y me puse a buscar una serie de anime, deseando que exista. Por suerte existía, cuando empecé a mirarla me di cuenta que las imágenes eran  más sofisticadas, como si fuesen en “4D”

                                
Es la hora en que mis padres deberían llegar.
Busqué el cuarto de ellos, y me sorprendí al ver que la habitación no estaba.  Sentí una punzada, ¿Dónde estarán? ¿Cómo puede ser que este todo lo mió y nada de ellos? Esta casa parecía como un vestido hecho a mi medida.

Salí a dar un recorrido para poder despejarme. Me siento completamente aturdida. Ni el anime me quitó las ansias de saber más de este lugar, y que pasó con mis padres.
Las estrellas no estaban y el cielo era verde oscuro. 
La luna era de una inusual tonalidad roja, y parecía tener finos rayos, casi imperceptibles que se desprendían hasta chocar sobre los árboles y plantas, los cuales se iluminaban. Eso no impedía que la oscuridad resplandeciera, haciéndose respetar.


Seguí algo que me llamó la atención, entre medio de los árboles, se encontraban dos chicos peleando.
Así que me quedé viendo como el chico de pelo oscuro, se lanzaba encima del chico rubio. Creo que tienen unos 16 años, y debían medir como un metro setenta. Me llevaban como diez centímetros de altura.
Era extraño que el rubio pese a la situación estaba tranquilo, su calma era intensa como un mar sereno.

-Empéñate menos en discutir lo indiscutible y reconoce que te equivocaste-dijo él.
-Estás equivocado-respondió el chico, resplandeciente de furia, con mechones de su lacio cabello oscuro cayendo sobre sus ojos.
-Eres una marioneta que hace lo que ellos buscan-dijo el rubio dejando caer unos bucles en su frente-los años van pasando y sigues chocando con la misma pared y no te rindes, crees que un día saltarás y estarás del otro lado.
-A veces pienso que soy tu marioneta y haces de mi lo que te place. No voy a saltar la pared, la voy a romper.
-No ganaras nada, ya que eres mi marioneta te manejo como quiero-lo burló el rubio evidenciando que no era así. Parecía decepcionado. -Quítate de encima.

Resignado se levantó y quedaron en un profundo silencio. Era como ver un mar avivado por la tormenta.
Su piel blanca contrastaba con sus lacios y finos cabellos oscuros representando la oscuridad de la noche y sus ojos de un azul eléctrico, mostraban un extremo sentimiento de injusticia: hablaban por él. Parecían conectarse sin necesidad de palabras. Solo el sonido del viento interrumpía, moviendo levemente sus cabellos.

Decidí retirarme de aquel lugar. Por que no debo meterme donde no me llaman y no puedo resolver nada, estoy cansada, así que mañana empezaré a investigar. 
























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